Cultivar la Femineidad para disfrutar

Nos han enseñado en occidente que ser femenina es usar accesorios, maquillarnos y movernos con delicadeza,   pero esto es sólo un brillo superficial que tiene que ver con la imagen, la real fuerza femenina reside en una gran profundidad.

De la filosofía oriental tenemos el termino Ying y Yang que nos ayuda a entender.  Yang es la energía masculina, principio de actividad, construcción, rapidez, actividad, movimiento, defensa, es nuestra fuerza guerrera que nos defiende y nos protege.  Por otro lado está la energía femenina, Ying. Es sutil, pasiva, receptiva, fértil, dócil, lenta, paciente, intuitiva, , tolerante, es la fuerza  que nos calma y concentra.

Sin embargo occidente y sus ciudades ha creado una sobrevaloración gigante de la energía Yang. Es valioso si somos rápidos, eficientes, activos, mientras más cosas eres capaz de hacer más reconocido serás. Este ritmo imparable de competitividad y rendimiento nos hace entrar en una vorágine que consume el enorme potencial de nuestra energía femenina.

Terminamos creyendo que ser pasivos es ser flojos, que cuidarse a uno mismo es ser egoísta y que detenerse es ser mediocre.

De pronto nos encontramos con que no sabemos cuidarnos y no sabemos parar. ¿Cómo vamos a disfrutar la vida si estamos todos el tiempo con la armadura encendiendo el fuego de nuestro lado guerrero?

La exaltación de nuestra energía masculina y el adormecimiento de nuestra femineidad tiene consecuencias altas para nuestra salud y conciencia: Estrés, falta de confianza, aislamiento, inseguridad, desconexión con nosotros mismos y nuestro cuerpo.

Lo más fuerte es que con esta dinámica dejamos de recibir y por lo tanto dejamos de nutrirnos.

Para recibir ayuda y amor necesitamos estar receptivos y pasivos, si resolvemos todo antes por nuestra cuenta, ¿Cómo vamos a dar espacio para que el otro se active y pueda ayudarnos?. Este círculo vicioso al final del día nos deja con un profundo sentimiento de soledad.  Nadie me ayuda, lo tengo que hacer todo sola.

¿Y estás dando espacio para que el otro te ayude? ¿Estás receptiva? ¿Hay espacios de pasividad donde te permitas simplemente recibir?

Es tiempo de que despertemos y reconectemos con nuestra matriz femenina para comenzar a nutrirnos, descansar y poder disfrutar nuestra vida.

Cuestiona todos los prejuicios que tengas sobre lo pasivo, lo sutil, lo lento. Esas etiquetas no te dejan restaurarte, y peor aún, te vuelven una máquina cuando podrías estar siendo toda una fuente hermosa de vida.