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Cuando se despierta la mujer salvaje

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Cuantas veces hemos asociado la espiritualidad y el estado de armonía a la imagen de una persona que está siempre en el polo de la dulzura. Tenemos esta imagen de la mujer espiritual como la virginal, sonriente, tierna, calmada y pura.

Viviendo en oriente y teniendo la oportunidad de estar con maestros espirituales muy importantes me doy cuenta la caricatura de todo esto, que se trata de una máscara que nos controla, pero que no representa a la naturaleza que está poblada de lagos, calmos y pacíficos, pero también de cascadas, volcanes y precipicios.

La semana pasada estuve con mi gurú, Amma, en su ashram en Kerala, sur de India. Amma es una líder espiritual de miles de personas en todo el mundo, su mensaje habla del amor y la compasión, ella representa la divinidad femenina y para sus devotos es la madre divina.

Esta vez me tocó vivir una experiencia muy particular con ella, que hoy entiendo y agradezco.

Resulta que en una de las jornadas pude estar muy cerca de ella, sentada al lado de su silla en el escenario del templo. Habiamos algunos ahí, recibiendo la infinita paz y amor que sientes al estar cerca de su presencia iluminada.  Ya llevaba un rato y yo estaba meditando cuando de pronto Amma comienza a gritar en mayalayam, su idioma, era un volcán en erupción, con una fuerza enorme, no entendía lo que estaba diciendo pero sus ojos estaban bien abiertos, encendidos y brillantes. Amma estaba enojada y estaba siendo severa con una de las personas que estaban ahí. Todos estábamos en shock,  en absoluto silencio. Amma siempre esta sonriendo y hablando del amor, era muy fuerte verla así, era majestuoso, imponente, pero también asustaba.

Sabía que no era azar haber estado justo en ese momento, tan único y poco frecuente, a su lado. Yo necesitaba verlo y experienciarlo porque justamente este tema es uno de los puntos que he trabajado este último año.

Desprenderme del ideal  de que hay que ser siempre dulce, demasiado buena y amable ante todo momento. 

Esto es un mandato cultural que hemos recibido las mujeres, “ser buena”, significa llevarnos bien con todos, responder siempre con una sonrisa y una actitud armónica aún cuando por dentro no son nuestros sentimientos genuinos. Esto es un patrón inconsciente que se cuela en casi todo, que me ha costado mucho erradicar y me doy cuenta lo excesivamente presente que estaba en mi modo de ser.

Esta amabilidad desmesurada es una de las causantes de que nos desconectemos de nuestra intuición ya que en muchas ocasiones en lugar de elegir ser astutas y usar nuestra agudeza para percibir, elegimos ser dulces y tiernas para no caer mal, para no generar conflicto, finalmente para  no sentir rechazo.

Este año viajando y viviendo sola en Asia ha sido una escuela tremenda en muchos aspectos, y si hay algo que me ha tocado despertar fuerte en mi es esta mujer salvaje que me habita,  a la que durante tantos años había reprimido.

Estando acá tengo que cuidarme, protegerme, cuando llego a un terminal de buses en un lugar desconocido y se acercan decenas de hombres que prometen llevarme a mi alojamiento por el mejor precio, que incluso pueden llegar a quitarme las maletas de las manos para partir rumbo a su auto, o cuando vas por 18 horas en un tren donde eres la única occidental y a ratos la única mujer. No, esas no son ocasiones para reaccionar con dulzura y ternura.

No he tenido ninguna situación de riesgo en todo este año, ningún robo, ninguna estafa, ninguna situación abusiva, se que es porque estoy siempre protegida, me cuida mi intuición, doy rienda suelta a mi astucia sin importar la imagen que vaya a dejar.  

Esto ha sido muy difícil para mi, sobretodo porque vienen estos patrones culturales de que estas siendo “mala”, “pesada”, “hostil”, “desagradable”  y que esto no es “correcto”.

Cuando estaba frente a Amma y la veía despertar de esa manera me sentía honrada de recibir esa enseñanza.

Lo de ser “buena” es una máscara, es una apego más de nuestro ego, y a veces eso mismo nos deja muy expuestas a situaciones donde sobrepasan nuestros límites. Cuantas veces por satisfacer los deseos de los demás nos hemos visto envueltas en situaciones que nos incomodan y que nos desagradan.

Otra vez esta idea de la mente dividida en polos que nos han enseñado, lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, la luz y la sombra.  Pensar y experienciar así nos debilita, porque estamos constantemente recortando una parte de nosotras mismas, sacándole piezas al puzzle creyendo que de esa manera encontraremos lo armónico, pero la verdad es que por esa vía sólo conseguimos perder nuestra naturaleza.

Somos seres integrales y dentro de nosotros habitan todos estos polos y personajes.  La espiritualidad es el sustento que te da la madurez para reaccionar con asertividad y claridad en el momento justo, y a veces lo más asertivo y sensato es desprenderse del exceso de amabilidad y aprender a cazar. 

Permitirnos ser dulces, amables y tiernas cuando es realmente lo que sentimos, y permitirnos mostrar los dientes, que se enciendan nuestros ojos y se despierte la mujer salvaje cuando debemos protegernos, cuidarnos, cuando No es No.  

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