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Abre tu canal y comienza a percibir mensajes

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Desde que me reconocí a mi misma como un canal toda mi vida dio un rumbo radical. Estaba sentada en el ashram de mi gurú, Amma, estaba meditando en silencio, tenía en mi mente la pregunta de qué hacer con mi vida, sentía que durante más de 10 años me la había pasado estudiando cosas, todas me apasionaban, pero no sabía cuál elegir, o cuál de ellas era mi camino, recuerdo que pensaba: ¿qué soy?,¿soy psicóloga?,¿soy terapeuta ayurvédico?,¿soy profesora de yoga?,¿soy masajista?,¿terapeuta de reiki?, así podría seguir y seguir nombrando muchísimas disciplinas que había estudiado y que en ese momento de mi vida parecían piezas sueltas. Los proyectos en los que había puesto mis fichas los años anteriores mientras vivía en Chile no habían resultado, se habían caído de manera dolorosa y eso me hacía desconfiar de mi misma, si había sido capaz de armar toda esa vida que se desarmó, me daba pánico volver a poner mi energía en construir algo más y que esto pudiese volver a ocurrir. Mi plan era estar en el Ashram 4 días, sin embargo cada vez que pensaba en irme me daba una pena tremenda, no podía imaginarme salir de ahí, decidí no forzarme y cambié las fecha 4 veces!!! Estuve un mes completo. Tenía esta pregunta y sentía que no podía irme de ahí sin tener más pistas, en mi corazón guardaba la certeza de que iba a saber. Un día mirando la foto de Amma colgada en una de las paredes del templo, llegó a mi un susurro: “Tú eres un canal”.  Me sorprendí, y mi mente occidental fue más allá y dije, ya, pero si tengo una oficina, y voy a poner un cartel en la entrada, ¿qué va a decir? ¿psicóloga?,  ¿ayurveda?, ¿ qué etiqueta voy a tener?, la respuesta fue: “Va a decir que eres un canal y un canal es todas esas cosas”. Esto fue el inicio, siento que ese día que tengo anotado con fecha y todo en mi diario, comenzó mi viaje, mi nueva vida. Por supuesto no tuve ni la menor idea de qué significaba ser un canal, pero hoy un año después de esa revelación ya lo entiendo más, y además me doy cuenta de que todos somos un canal. Y que la ayurveda, yoga, y las medicinas milenarias nos lo vienen diciendo hace miles de años. Nuestro cuerpo es como una antena, tenemos sentidos y un sistema nervioso complejo que nos permite percibir muchísima información del mundo que habitamos. Gracias a esa información que percibimos se coordina nuestra salud, mental, física y espiritual. Como cuando nuestros receptores en la retina de los ojos detectan que ya el sol se ha ido y entonces activan una serie de procesos en nuestro cuerpo que nos preparan para la restauración y el dormir. Cuando nuestro cuerpo está más limpio, cambiamos nuestros hábitos y nuestra salud física mejora, nuestra mente comienza a ser más clara, entonces el canal comienza a limpiarse y podemos percibir mucho mejor, sabemos con mayor certeza qué nos hace bien, qué nos causa rechazo, qué nos hace sentir vitales y qué nos enferma. Ese enero del 2018 puedo decir que ya llevaba parte de esa tarea hecha, mi cuerpo estaba vital, mis hábitos eran simples y saludables y quizás por eso podía percibir que debía quedarme y esperar, me sentía bien ahí y aunque no entendía, mi cuerpo quería quedarse. Sin embargo mi mente seguía con muchas toxinas, todas estas etiquetas de ¿qué soy? ¿qué cartel tengo que colgar?, el patrón cultural de que debía encontrar un rol para encajar, elegir uno y desde ahí cumplir las expectativas.  Cuando la mente comienza a limpiarse y desintoxicarse, gracias al silencio, a la meditación, a la disciplina, entonces el canal gana espacio para percibir, y comienzas a recibir un poquito más de información,  empiezas a leer lo que está sucediendo y ahí donde las cosas no fluyen lo traduces como un NO, y ahí donde todo fluye en armonía lo traduces como un SI, y entonces se despierta y activa la intuición. Luego de poder observar a curanderos de diferentes tradiciones, edades y religiones, veo que cuando has limpiado el cuerpo, la mente, las emociones, y te has rendido con devoción a ser guiado por esa energía universal, entonces tu canal se expande, y puedes empezar a percibir los hilos que tejen la realidad, se revela la trama, y entonces puedes leer a través de la naturaleza, el contacto físico, la energía, las palabras, el clima, todo se vuelve una señal que puede ser traducida. Para mi, ahí es cuando emerge el curandero y el verdadero maestro, cuando usa la técnica: cantos, plantas, aceites, agujas, sus manos, palabras, etc. para sanar, por que ha podido descifrar la trama, sabe que todos somos un canal, y entonces sabe que sólo se trata de estar receptivo a leer y a poder entregarse a ese flujo de información que nos atraviesa a todos. Muchas veces en las redes sociales me escriben diciendo “ que afortunada eres”, elijo recibirlo como un mensaje de cariño, pero también se que la vida que estoy viviendo no la tengo por suerte o fortuna, porque si así fuera, significa que tengo algo que no todos tienen. La verdad, es que la vida que tengo, es así de espectacular desde que supe que era un canal. Si yo soy un canal, entonces me cuido y me entrego lo mejor a misma, porque sé que es a través mío que toda esta información va a transitar y me va a guiar de manera espectacular. Abro mi canal para recibir, percibir, intuir, y es así como llego a situaciones insólitamente maravillosas, y así como he decidido construir lo que estoy construyendo, y tengo total certeza de que esta es mi manera de crecer protegida.   Se que los cursos, audios de meditación, sesiones, y casi todo lo que hago no viene de mi mente individual, hoy el 100% de las veces que escribo y diseño algo es porque lo percibí, lo descargué de mi canal. A veces cuando estoy haciendo yoga, o después de mi práctica cuando estoy en el descanso, o cuando voy en silencio caminando en la playa, cuando sea que esté receptiva a mi canal, llegan los susurros, las ideas, los contenidos. Y mi única tarea es confiar en el mensaje y hacerlo. No es fortuna, es abrirte a percibir y dejarte guiar.  
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